jueves, 31 de diciembre de 2009

FELIZ AÑO NUEVO (Saludo convencional popularmente aceptado)

Estrenar algo nuevo siempre es emocionante, ropa, peinado, año, etc...
A mi personalmente me importa bien poco que el calendario marque el comienzo de un nuevo año, yo entiendo el tiempo como un flujo constante sin cambio aparente alguno, pero estoy obligado a arrancar la ultima hoja del calendario (ojala inventaran una maquina que hiciera ese desagradable trabajo) y sumar un año mas a mi cuenta particular y ya van unos cuantos.
Feliz Año Nuevo a casi todos.
T. Flywheel

martes, 29 de diciembre de 2009

SOLEDAD O LA UTOPIA DE QUERER ESTAR SOLO (aunque siempre llama alguien al timbre)

Antonio Machado ya avisaba sobre los peligros de este estado: "En mi soledad he visto cosas muy claras que no son verdad". Un engaño que afecta fundamentalmente a la credibilidad de los solitarios. Se dice una cosa y se hace otra: respecto a las mujeres, al dinero o los afectos personales. Un fingimiento que también llega a las palabras. Nietzsche escribe: "Cuando se vive solo, no se habla demasiado alto, como tampoco se escribe demasiado alto: se teme, en efecto, la resonancia vacía (la critica de la ninfa Eco)"... al perfilar un discurso altisonante, pomposo y prolijo. Una consecuencia que identificara a la mayoría de sus compañeros de viaje.
Los individuos viven la condena moderna del aislamiento como un calvario, no por compartido menos doloroso. La marginacion de los ancianos, los problemas de comunicacion con los adolescentes, el aumento de angustias del no querer estar solos, por ejemplo, de las personas en proceso de separación, nos lo hace evidente. La soledad es una amante complaciente que se transforma en una esposa tiránica y cruel.
Pero, un solitario es también el naufrago de la sociedad de consumo. Un anacoreta que se protege de las inclemencias del tiempo con el aislamiento. Un rara flor no congregada en la inflorescencia. Aunque, vulgarmente , un solitario es un juego de cartas. Un entrenimiento que nos expresa el verdadero envite de la naturaleza. La apuesta de la vida que desvela el trasfondo cenobítico de la existencia. Pero un solitario es, también, como querían los filósofos, un diamante montado totalmente solo en una joya. El héroe de la civilizacion de los rebaños: en las carreteras, los espectáculos, el consumo...

lunes, 14 de diciembre de 2009

SIN TITULO

"Cuando el hombre comprueba su poder de crear, se alegra"

Spinoza

martes, 1 de diciembre de 2009

YO SOLAMENTE SOY YO CUANDO ESTOY SOLO.

Una de las fabulas que mas popularizo Schopenhauer, y que a menudo le gustaba recordar a Freud, gira alrededor de los puerco espines. Estos mamíferos del orden de los roedores, de color oscuro, llenos de espinas y habitos nocturnos tienden a vivir solos. Es decir, que organizan su vida sin participar en ningún tipo de clan. Un talante individualista que se ve truncado con la llegada del invierno. El frío provoca el agrupamiento de estos animalitos para intentar protegerse de sus secuelas. Un habito comunitario que comporta inmediatamente graves heridas a los que lo practican al pincharse mutuamente.
La metáfora sirve a Schopenhauer par expresar la perversidad de las agrupaciones humanas: "La soledad es la suerte de todos los espíritus excelentes". El mismo carácter y un odio parecido por todo tipo de congregaciones que lleva a La Bruyère a afirmar: "Todos nuestros males provienen de no poder estar solos: el juego, el lujo, la disipación, el vino, la ignorancia, la maledicencia, la envidia, el olvido de uno mismo y de Dios". Una desconcertante manera de reprobar la sociabilidad que provoca el efecto contrario que se deseaba.

Aunque me gusta en ciertos casos estar solo no reniego de ningún tipo de compañía, me encanta charlar con los amigos, salir de copas y cualquier otro tipo de ocio.

viernes, 27 de noviembre de 2009

EN EL PORTAL DE BELEN (Recuerdos de la Navidad en mi infancia)

Mis fantasmas,aunque ocultos en los pliegues de la memoria, no son invisibles. puedo distinguir perfectamente sus ojos abiertos de par en par en la distancia de los años. Mi infancia fue solitaria, pero sobre todo silenciosa. Y cuando el silencio se instala en un cuerpo es muy difícil expulsarlo. Un proverbio judío sentencia: "Hay que guardarse bien del agua silenciosa, de un perro silencioso, y de un enemigo silencioso". En realidad, a menudo me encuentro añorando el sigilo de las tardes de verano o la quietud de las Navidades ante el fuego en casa de la madrina.
Ninguno de los libros que he leído, nadie que haya conocido, me ha podido hacer olvidar aquel silencio sincero y terrible, amplio y acogedor, sencillo y feliz, de mi infancia.
El deseo de escribir solo esconde las ganas de guarecerme nuevamente bajo un gran silencio, La certeza de constatar que todos los que hablan se equivocan. El asco que me producen algunas palabras.
No hay nadie que sea feliz, porque el mar de silencios ahoga esta posibilidad. Convertido en una persona aislada y taciturna, busco con desasosiego el silencio que esconde cada palabra, la quietud en el fondo de las expresiones, la tranquilidad bajo el griterío con que nuestra cultura ha transformado la vida, quizás como una manera de recuperar aquel compás de espera. En fiestas huyo de la ciudad persiguiendo la placidez del mar.
No escucho palabras en la memoria, no recuerdo sonidos, ninguna música me evoca nada (mucho menos los villancicos), únicamente constato la persistente presencia de un vacío cruel y plácido que a menudo evoco en silencio, porque no hay nada que incite mas al calma que un reloj parado, un reloj adormecido.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

SEGUIMOS CON LA NAVIDAD (Todos los años lo mismo)

La Navidad es, como otros periodos de vacaciones o fiestas religiosas (amen) o conmemoraciones
colectivas, una especie de agujero negro del calendario que expande una gran energía centrípeta.
El tiempo se para y podemos vivir eternamente cada instante. Se reproduce aquella sensación de las vacaciones de la infancia en las que el destino quedaba suspendido entre dos periodos de estudio. Cada mañana, cuando me levanto y contemplo el horizonte infinito de tiempo que me espera en la cocina al preparar el desayuno, experimento una especie de conversión religiosa. Una devoción desenfrenada de libertad, una observancia seductora, un dogma de miel. El ocio es quizás una de las ultimas experiencias místicas que nos podemos permitir en este nuevo milenio. Por Navidad la conciencia de nuestra imagen corporal se diluye y se nos endulzan las facciones. Algunos adoptan la apariencia de un niño gordito de unos doce años que juega a las canicas en medio de una plaza rectangular perfectamente delimitada por cuatro filas de moreras. De repente, nos dejamos llevar por una fuerza que nos comina a observar una reverencia desacostumbrada ante los monólogos de nuestros padres, sobre todo en los banquetes familiares. Nuestra esposa se convierte en una nueva madre, siempre solicita y cruel.
Me encuentro como si nunca hubiera dejado de ser aquel niño ridículo, muy ingenuo, que no quería ser compadecido, pese a que no le faltaban razones. En el fondo me parece haber cambiado tan poco, que esta sucesión de silencios que llamamos tiempo se convierte en el verdadero espejismo. El mismo paisaje, parecidos deseos, mas miedos y la insoslayable certeza de que nunca conseguiré librarme del todo de este niño con cara risueña y una salud endeble.
CONTINUARA

lunes, 16 de noviembre de 2009

YA VIENEN LOS REYES

La Navidad es una época extraña. Como cada año, cuando acaba el calendario comienza a precipitarse un alud de emociones que ahoga la consciencia y nos deja indefensos ante la retahíla de tópicos que se destapan en esta época. Del saco de Santa Claus (maldito yankie), como de la caja de Pandora, salen todo tipo de males que se esparcen por la Tierra: comidas pantagruélicas que reunen a toda la familia bajo un mismo techo, un delirio consunista insoportable, la zafia excrecencia de bondad sintética y una especie de maleficio que me obliga a rememorar el pasado sin querer. La Navidad es una fiesta para intentar rehuir la soledad substancial de la vida. Un remedio inconsistente trenzado de caricias y halagos que no tiene suficiente fuerza para ocultar el abandono de la existencia.
Josep Muñoz Redon